Al hablar de Coaching tenemos muy presente que dicho concepto viene del deporte, en el que los patrocinadores, o el club, que es una empresa, contratan a un Entrenador Profesional (Coach) para que se ocupe de conseguir que su equipo, o su pupilo, obtengan los mejores resultados posibles.
Para ello el coach estudia a su equipo, o pupilo, ve su rendimiento, su potencial y su posible desarrollo. Para ello el coach tiene su propio método, ya que no todos los coaches usan el mismo método. En nuestro medio es fácil comprobarlo en el fútbol, en el baloncesto, en el tenis y en otros deportes también.
Cuando un entrenador (coach) no consigue los resultados que esperaban los que lo contrataron, ya que el Coach no consiguió lo que querían para su equipo, o pupilo, sencillamente cambian de entrenador (coach) y esperan que el método que utilice el nuevo entrenador (coach) sea el adecuado para el logro de sus objetivos.
Del deporte pasó a las empresas y de las empresas a cualquier organización social.
Actualmente el Coaching comienza a diversificarse, hay coaches, entrenadores, deportivos, los hay artísticos, los hay empresariales y organizacionales, y seguramente seguirá la especialización, porque la demanda social es muy amplia y evidentemente no es lo mismo entrenar a un equipo de fútbol que entrenar a un tenista. No es lo mismo entrenar a un bailarín que a un sonidista con dificultades de integración. Y claramente no es lo mismo entrenar a un equipo de vendedores que a un nuevo jefe de personal.
Por eso nosotros entendemos al Coaching como un entrenamiento para el logro de objetivos y los objetivos condicionarán nuestro método de trabajo, como nuestro método de trabajo condicionará a los objetivos.
Nuestro propio método, que es el Método Productivo®, nos permite acercarnos a lo que consideramos el trabajo ideal, uno que posibilite mayor efectividad, mayor satisfacción personal y menor estrés.
Comenzamos por pedirles a nuestros pupilos, cuando se trata de una tarea grupal, o individual, que se fijen un objetivo parcial. Ya que el logro de objetivos es, en sí mismo, un objetivo, pero muy amplio y al mirarlo en su totalidad se hace agobiante.
Hay que dividirlo en etapas. Buscar objetivos parciales, a partir de la primera tarea obvia, es la mejor forma de avanzar conscientemente, porque los logros son más precisos y, por lo tanto, más efectivos, más satisfactorios y menos estresantes.
Nuestro cliente es la empresa, pero el desarrollo de nuestra tarea se da con el grupo operativo, o con la persona operativa, que está a nuestro cargo, con un objetivo muy definido.
Puede ser un Departamento de Marketing al completo, o un equipo creativo, o un directivo que esté pasando una mala etapa, Nosotros sabemos que hay que tener un objetivo y una técnica para lograrlo, incluso para las más insignificantes y pequeñas acciones que se realizan cada día.
Progresar es imposible sin haber escogido un claro y preciso objetivo, porque todas nuestras actividades se miden y están referidas a logros concretos, aunque parezcan muy mínimos. El logro de los objetivos, parciales y totales, es un poderoso tónico que potencia la autoestima.
Lo que actualmente constituye la vida personal y profesional de nuestros clientes, además de su entorno, o su medio ambiente, es el único elemento válido que tiene para medir sus actitudes mentales y emocionales y todos los progresos que vayan haciendo, con nuestro entrenamiento. Nuestros clientes nos evaluarán por sus propios progresos.
Si en algún momento les parece que nuestro método es difícil y el progreso es lento, les recordamos que el logro de los objetivos que nos hemos propuesto en cada etapa, les aportarán más plenitud, autoestima, poder y profesionalidad, que lo que puedan imaginarse hoy.
Sabemos que la mayoría de las personas tienen serias dificultades en definir sus propios objetivos, por ese motivo, tenemos negociaciones por etapas, entendemos que hay siete etapas mínimas y suficientes, en las que acordamos los objetivos a conseguir, paso a paso, siguiendo un orden previsto por nuestro método, que se basa en la experiencia adquirida a través de muchos años, y aunque vayamos etapa por etapa, nunca dejamos de tener muy presente al objetivo principal.
Después nos esforzamos y nos ponemos severos para conseguirlos, y por eso es que la productividad de cada cliente se potencia en cada etapa, su estrés es cada vez menor y su satisfacción mayor.
Estas negociaciones por etapas son las que nos dan la idea de cómo acomodar nuestro método a la medida de cada uno de nuestros clientes.
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